jueves, abril 20, 2006

Hay que volver.


(BSO: Hay que volver, de Celtas Cortos)

Vaya.
Anteayer fue uno de esos días que una recordará siempre como un día especial. Un día redondo, un día perfecto. Para empezar, me levanté muy temprano. Yo sola. Es un mérito con lo dormilona que soy. Estuve toda la mañana limpiando correo, limpiando habitación, limpiando el alma. Porque es un ejercicio que hago de un tiempo a esta parte: limpiarme por dentro, trabajar para que la vida no duela, para que los recuerdos no sangren.
Pero lo de la tarde fue algo de libro. Me iba yo para mi gimnasio, a ver si se me arreglan las fofuras, y en lugar de eso me encontré en casa de alguien que hacía demasiado tiempo que no veía con una copa de cava en la mano, rodeada de piercings y tatuajes y cantando cumpleaños feliz. Abrazos, invitaciones, recuerdos, besos, risas. Recuerdos de un tiempo perdido que lucho por recuperar. Y agradecimiento por, pese a ser tan diferentes, hacerme sentir en familia. Estos punkis nunca dejarán de sorprenderme.

Acabamos la fiesta cantando L'Estaca a voz en grito (sí, con los punkis) y la policía nacional en la puerta. Yo, en lugar de al gimnasio, me fui a ver el barça mientras me comía unas bravas.

Por cierto, me he puesto el pelo rojo y tengo planes de hacerme un piercing. Un tatu no, que no me molan.

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