domingo, enero 01, 2006

Feliz año


U2
New year's day

All is quiet on New Year's Day
A world in white gets underway
I want to be with you
Be with you night and day
Nothing changes on New Year's Day
On New Year's Day
I will be with you again
I will be with you again
Under a blood red sky
A crowd has gathered in black and white
Arms entwined, the chosen few
The newspapers says, says
Say it's true it's true...
And we can break through
Though torn in two
We can be one
I...I will begin again
I...I will begin again
Oh...Maybe the time is right
Oh...maybe tonight...
I will be with you again
I will be with you again
And so we're told this is the golden age
And gold is the reason for the wars we wage
Though I want to be with you
Be with you night and day
Nothing changes
On New Year's Day
On New Year's Day

sábado, diciembre 31, 2005

Suerte

Ha llegado el fin del año, y la hora de hacer balance. Es un tópico típico, esto del balance, pero quieras o no, acabas haciéndolo. En la tele hay balances, resúmenes, de todo el año, en política, sociedad, corazón, ciencia, massmedia, y todo el rollo éste. Yo, como hace un tiempo aprendí a ser un poco más egocéntrica de lo que había sido hasta el momento (esto del egocentrismo es una adicción; puede ser enfermizo si no encuentras a alguien que te eche el freno cuando te hace falta), pues eso, que yo me dedicaré a hacer un balance personal de este año.Y la conclusión que saco es que he tenido muy mala suerte.
La gente que me conoce se hace cruces de cómo puede alguien tan aparentemente y insultantemente racional como yo pueda llegarse a obsesionar con el tema de la suerte. Pues sí, pienso que la suerte decide nusestras vidas. Evidentemente, nuestras decisiones también tienen mucho que ver al respecto: ya sabemos las frases hechas que dicen que cada una de nuestras decisiones marca nuestro camino, que cada uno elige, consciente o incoscientemente, su propio destino, bla, bla, bla, bla. Lo que querais. Pero la suerte es, la que al fin y al cabo, decide nuestras vidas.
Pero no me refiero, ojo, al azar; esto es, a la de que te toque la loteria, de que el banco te ingrese más intereses de la cuenta o de encontrar un piso a precio mínimamente decente. No. No me refiero a esa suerte. Ni me refiero a no pasar por debajo de una escalera, no derramar la sal o no vestir de amarillo o salir de casa el día 13. Me la sudan esas gilipolleces. Me refiero a la suerte de las rutinas, del día a día. El otro día vi una peli, The Cooler, que hablaba de un tipo gafe y reflejaba muy bien lo que quiero decir. La suerte de no pillar una enfermedad que, hubieras tomado cualquier decisión, habrías pillado igual. La suerte de no haber de aguantar el dolor que te produce el sufrimiento y la muerte de tus seres queridos. La suerte de que no te peguen una hostia con el coche y te dejen parapléjico de por vida. La suerte de que el amor que te mereces te sea correspondido, simplemente; con sus más y sus menos, pero correspondido. O la suerte en temas aparentemente nimios pero que te hunden poquito a poquito: que no se haya acabado el rollo de papel de vater; que siempre que llegues a la estación no se acabe de ir el tren que, casualmente, va con cinco minutos de adelanto; la suerte de que no te caiga una tormenta el día que más encargops tiene que hacer. En esos aspectos, tus decisiones importan un comino. Y mi racionalidad se va al traste cuando pasan cosas tan ilógicas y tan desafortunadas que no les encuentro explicación razonable, ni manera de haberlas evitado. Lo que me hace pensar que, al fin y al cabo, quizá si que sea verdad que la vida nos da las cartas y nosotros hemos de jugarlas, pero al final, juguemos como juguemos, el resultado va a ser el mismo. En algun post anterior he dicho que la vida es una broma de mal gusto. Para mí, este año, ha sido un aprendizaje que no me ha hecho ni puta gracia. Lo siento.
Pero bueno, también me han pasado cosas buenas, que estas sí que me he trabajado yo. Mi pareja todavía me soporta, lo cual es admirable. He reencontrado la amistad con viejos amigos a los que creía dejados al borde del camino. He cumplido uno de mis sueños, por muy tonto que parezca: he asistido a un concierto de mi grupo favorito. Una tontería, a simple vista, pero fueron las dos horas que más me han llenado de todo el año. Todavía trabajo en lo que me gusta. Mis amigos me siguen queriendo y mi familia va tirando. He conocido a gente nueva maravillosa.
¿Por qué no puede haber un mínimo de concordancia en las emociones que se despiertan en nuestra vida? ¿Por qué las alegrías siempre parecen menores que la magnitud de las tristezas? ¿Por qué la muerte, el sufrimiento, la enfermedad?Curiosamente, cuanto mayor me hago no sé si soy más fría o tengo las espaldas más anchas, pero ya nada me duele tanto. Pero me da miedo que las cosas tomen la tóbica que han tomado este año.

Así que, hablando mal y pronto, a tomar por culo el 2005. Que se vaya a la puta mierda. Que no quede ni en el recuerdo. Y feliz 2006 a todos. De todo corazón.




sábado, diciembre 10, 2005

Aplausos.


Hoy aplaudo al nuevo Nobel de literatura, Harold Pinter. Obrero de nacimiento y de convicción y práctica, el tío, postrado en una silla de ruedas con un cáncer casi terminal tuvo los santos huevos de cagarse en Bush, en los americanos, en Blair y en la madre que los parió ante el jeto atónito de la panda de lameculos más peligrosa del planeta: los intelectuales (otro día explicaré mi especial devoción por este sector social). Y sólo por eso, me levanto, me quito el sombrero y le aplaudo. Todo esto, sin dejar de lado que es el último dramaturgo bueno que queda.

Sí señor. Falta nos haría más gente como él en el mundo. La revolución no se acaba con la edad y el acomodatismo. La lástima es que se nos mueren, se nos van, sin nadie con suficientemente clase como para cojer su relevo.
Qué pena.

domingo, diciembre 04, 2005

Pausa-still.


Abandono el blog por un tiempo. Mis obligaciones laborales y económicas me reclaman y mi tiempo estará extralimitado. Trabajar, comer, trabajar, dormir.
Buena suerte a todos. Hasta prontito.

Cosas intolerables I: la pena de muerte.



Esta semana pasada me he cansado de leer y escuchar titulares acerca de una estremecedora "celebración": la ejecución número 1.000 de un reo americano. Y me vienen a la cabeza miles de cosas, de palabras, de conceptos. Hispano, negro, inocente, familia, soledad, corredor, miedo, morbo, nervios, asesinato. Y los americanos tan contentos y orgullosos, como si fueran el modelo de algo, o de alguien. Siempre callando y bajando la cabeza. Siempre encegados en su patria y en su egolatría. Simepre comportandose como americanos.
Y dejo lo políticamente correcto a un lado (es decir, transgredo la norma; revolución; anormalidad; esas cosas que hacen que la vida tenga sentido: hacer lo que no toca cuando no toca, y equivocarse, y pensar en lo que hay más allá, en lo que nuestros ojos no pueden ver) y creo que lo intolerable no son las cosas, ni los actos; sino determinadas personas. Especialmente determinadas personas americanas.

He rescatado este texto de León de Aranoa del olvido. Pese a que fue escrito hace cinco años, está de rabiosa actualidad. Por desgracia.

"Ojo por ojo y el mundo se quedará ciego". Mahatma Gandhi.


VAN A MORIR

Ahora quiero hablaros de Bud. Escucha a unos y a otras con el aire intruso, sobre las rodillas una carpeta azul, de estudiante, que agarra como si contuviera su vida entera. Le une a los reunidos un conocimiento profundo, involuntario, del dolor, aunque su aprendizaje lo realizara en otras escuelas. Su hija Julie tenía 23 años cuando murió junto a decenas de personas en un atentado contra un edificio federal, en Oklahoma City. Su asesino está hoy condenado a muerte. Bud cuenta entonces cómo cada vez que aparecía una noticia sobre el caso cambiaba de canal para no verla. Pero un día llegó tarde. Tres segundos. Lo suficiente para ver en su casa, acosado por las cámaras, al padre del terrorista. Dice Bud que lo que vio en él fue a un hombre partido por el dolor. Que en realidad se vio a sí mismo.

Fue a visitarle. Caminaron durante una hora por su pequeño huerto, hablaron de plantas y de hortalizas. Entonces apareció la otra hija de aquel hombre. Salía de la casa cuando encontró allí a Bud. Su padre le explicó quién era, por qué había ido a visitarles, y la chica sólo supo abrazarle, abrazarle y llorar. A él todavía le tiembla el alma cuando recuerda aquel abrazo, aquel dolor compartido. Entonces las emociones se le enredan en el cuello, estrangulando las palabras. Por eso Bud se toma un momento, respira, mira a los niños que juegan afuera. Y pordría parecer que piensa en ellos cuando dice, porque lo dice mirándoles, que la pena de muerte multiplica el número de víctimas. Por eso él, desde aquel abrazo, camina los Estados, los debates y las universidades para contar su caso y exigir que no se mate, al menos no en su nombre, no en el nombre de las víctimas, ni en el de sus familiares. Y lo hace con su carpeta azul agarrada, que contiene de verdad su vida entera. De ella saca fotografías de su hija, y mostrándoselas a los reunidos la hace otra vez joven, otra vez hermosa.

FERNANDO LEÓN DE ARANOA, publicado en El País el 8/10/00


Abelenda. El Abelendario. Planeta, Barcelona, 1972

jueves, diciembre 01, 2005

miércoles, noviembre 30, 2005

Celebración de la amistad


En los suburbios de La Habana, llaman al amigo mi tierra o mi sangre. En Caracas, el amigo es mi pana o mi llave: pana, por panadería, la fuente del buen pan para las hambres del alma; y llave por...
--Llave, por llave-- me dice Mario Benedetti. Y me cuenta que cuando vivía en Buenos Aires, en los tiempos del terror, él llevaba cinco llaves ajenas en su llavero: cinco llaves, de cinco casas, de cinco amigos: las llaves que lo salvaron.

Eduardo Galeano
El libro de los abrazos